PARQUE ARQUEOLÓGICO DE TORREPAREDONES

Esta Semana Santa he estado en mi pueblo, Baena; hacia unos años que no había podido ir y estaba deseando. He paseado por sus calles (mejor decir cuestas), disfrutado de mi familia, de las procesiones (las que el tiempo ha dejado salir), alumbrar a Jesús, comer caracoles en Casa Pellejito, jeringos en Ntra. Sra. de Guadalupe, y visita obligada Torreparedones.

No estábamos muy seguros si el tiempo nos dejaría ir, pero finalmente el Jueves Santo amaneció despejado, un poco frío pero no parecía que, de momento, fuera a llover, así que nos fuimos para allá, eso sí nos llevamos los paraguas.

La excursión mereció la pena, muy interesante y unas vistas espectaculares.

Os dejo información sobre el Parque Arqueológico, extraida de www.baenacultura.es y de la guía de Torreparedones que, amablemente, me han enviado por email:

El lugar conocido como Torreparedones o Torre de las Vírgenes está ubicado en plena campiña cordobesa, entre los ríos Guadalquivir al norte y el Guadajoz al sur, en el límite septentrional de los términos municipales de Baena y Castro del Río. Su situación topográfica, sobre una de las cotas más elevadas de la zona (579.60 m.s.n.m.) lo convierten en el techo de la Campiña.

Estuvo habitado al menos durante 3.500 años, desde la Edad del Cobre hasta la Baja Edad Media. En las épocas ibérica y romana Torreparedones alcanzó su máximo esplendor contando, ya desde el siglo VI a.C., de una potente muralla, reforzada con torres, que rodeaba un espacio de 10,5 Ha.

Los materiales más antiguos hallados se corresponden con la Edad del Cobre, sobre cuyas construcciones defensivas se habrían asentado las murallas del siglo VII a.C. durante la época ibérica, en la que hubo un desarrollo excepcional que se completó durante el momento inicial de romanización de la zona al final de la época republicana y continuó durante el primer siglo de nuestra era. Durante toda la época romana el poblamiento de Torreparedones continuó y fue con la disgregación del Imperio cuando el asentamiento languideció y dio paso al abandono, si bien de forma más o menos residual siguió habitado hasta el fin de la Edad Media.

El recinto intramuros de la ciudad, ocupa algo más de diez hectáreas, de las que apenas un 4% han sido objeto de excavación y la consiguiente investigación.

El recorrido interpretativo en el Parque Arqueológico de Torreparedones sigue un sendero al aire libre, cuya longitud se aproxima a los dos kilómetros. puede emplear en realizar el recorrido  entre una y dos horas.

LA FUENTE DE LA ROMANA

La Fuente se compone de un pilón o de estructura rectangular de 15,95 x 2,65 metros, con los muros N. E. y O. realizados en opus incertum (piedras de caliza de mediano tamaño de hasta 32 x 18 cm., dispuestas en hiladas irregulares con pequeños ripios que las acuñan y mortero de cal y arena) y el muro S. realizado en opus caementicium (caementa de gravas y calizas de hasta 5 x 4 cm y mortero de cal y arena), este último por el sistema de tongadas con el consiguiente encofrado. En el exterior, el muro S. está jalonado con pequeños contrafuertes, también de opus incertum, añadidos posteriormente; aunque sólo se ven dos debió tener algunos más; en la parte inferior central se advierte un orificio de desagüe. En el muro N. se disponen dos caños para captación de agua realizados en piedra caliza, conservándose sólo el más occidental. Todo el interior de la obra y el exterior del muro S. estaban enlucidos (incluidos los contrafuertes) con mortero de cal y arena.

El área excavada (año 2010) ha afectado a un total de 92 metros cuadrados,
quedando perfectamente delimitada por los elementos que forman parte de
la fuente y que son los siguientes:
A. Muros de contención.
B. Surtidores de agua.
C. Muro norte del pilón o contenedor.

PUERTA ORIENTAL

Para su construcción, la primitiva muralla fue seccionada, levantando
una puerta que fue flanqueada por dos grandes torreones de planta
casi cuadrada. En ambos casos se dispuso de 8 m. en la fachada y 9,70 m. de
profundidad, mostrando los muros perimetrales grandes bloques de piedra careados
por cinco de sus caras. El aparejo es de tipo poligonal, conocido
como opus siliceum. Las llagas o juntas verticales son generalmente oblicuas lo
que unido al almohadillado y vaciado de las caras laterales de cada bloque, dotaban
al conjunto de robustez gracias al efecto de claroscuro creado. Este tipo
de construcción fue común en recintos defensivos situados en la Hispania Citerior.
Los muros de cerramiento conforman una cruz en el centro de la torre, estando rellenos de arcilla compacta y cascotes.

EL SANTUARIO IBÉRICO

La presencia del santuario y del culto betílico asociado al mismo, junto
a una extraordinaria colección de exvotos en piedra, configuran
uno de los elementos de mayor singularidad del Parque Arqueológico
de Torreparedones y de la cultura ibérica en la península.
La religión y creencias de los iberos, destacaban por “el carácter práctico y exclusivo
de la devoción, consistente en entrar en contacto con lo luminoso para
obtener favores tangibles. Eran frecuentes los exvotos representando miembros
humanos. También se ofrendaban en Asklepios, Epidauro o la Galia romana, arrojándolos
en ocasiones a fuentes con poderes medicinales”

 

 

 

EL MERCADO

fue en época romana altoimperial –en torno a la primera mitad

del siglo I d.C.– cuando se construyó el macellum o mercado, lo que significó
el arrasamiento de las anteriores construcciones.
El edificio se levantó sobre fuertes muros de opus vittatum, con una planta rectangular orientada E–O, disponiendo de 24 m. de longitud en esa dirección, 16,5 m. de anchura, un perímetro de 80 m. y una superficie de 370 m2. La potencia de los muros externos e internos hace pensar que tal vez el edificio tuvo dos plantas.

EL FORO

Se trata del espacio que mejor documenta y testimonia la importancia
de la ciudad romana que se localizó en Torreparedones. Su existencia
tuvo dos momentos destacados. De una parte durante su construcción en época augústea, y por otra, en un proceso de reforma acontecido en época julio–claudia que afectó también a otros edificios situados alrededor.

Las excavaciones llevadas a cabo hasta la fecha han sido parciales, por lo
que aún es temprano para interpretar algunas de las estructuras construidas
en torno al foro. Probablemente el lugar estuvo previamente ocupado en época
republicana por otras edificaciones que desconocemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

MI PUEBLO

 

 

El  sol cae a plomo sobre la tierra roja y preñada de olivos, cortada a veces por un camino estrecho con ambición de carretera; los montes surgen a derecha e izquierda según la curva que tome el camino.

 

El primer sentido que se activa es la vista, cuando al volver una curva surge el pueblo, blanco, fresco, como durmiendo una eterna siesta, derramándose por la colina y cubriéndola como si fuera una sábana.

 

Las pequeñas casas, de blanco inmaculado, dan paso a los edificios de tres o cuatro plantas, que crecen a los pies de la colina.

 

        Al entrar al pueblo el que se activa es el olfato, su inconfundible olor a aceite que impregna el ambiente. Pero si vais en Semana Santa, seguro que antes que el olfato será el oído con el eterno ruido de tambores y las “guerras” entre Coliblancos y Colinegros.

 

       Al pasear por sus calles estrechas y empinadas, te sientes transportado a otra época.

          Me encanta mi pueblo, cuando estoy en él tengo la sensación de ser otra persona, estar más completa, que encuentro una parte de mí que debió de quedarse allí.

       Es curiosa esta sensación de que pertenezco al pueblo, porque nunca viví allí, mi familia se trasladó cuando apenas tenía un año, pero cuando estoy en él me siento más yo.