Pesadilla


Cuando Ester abrió los ojos aún era de noche. Allí estaba otra vez, a los pies de la cama; con su larga lengua —que paseaba por unos labios rugosos y húmedos— y los ojos fijos en ella, vigilando para saltarle encima. Contuvo la respiración e hizo lo que llevaba haciendo desde pequeña, desde que su madre lo llamó: apretó los párpados, murmuró “¡Por favor, vete! Seré buena”, y empezó a contar uno, dos, tres… al llegar a veinte los abrió, despacio. Aunque su madre ya había muerto, el monstruo seguía allí.

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10 comentarios en “Pesadilla

  1. Muy bueno. Menos mal que el los armarios actuales no caben monstruos, demasiado pequeños y con los canapés aprovechables con cajoneras, tampoco, que si no ya me tenías mirando antes de meterme en la cama…Fantástica historia.

  2. Guada, me gusta tu blog. ¿Me dejas husmearlo? Viendo ese negativo con los títulos empotrados en él, y tan claros, me he quedado encantado… Cuando termine con el libro quiero hacerme un blog así. Ah, había venido aquí para leer “Pesadilla” y me gusta, menos mal que luego hay un despertar.

  3. Caray, esto de los relatos de terror es contagioso, y más si tienen significado psicológico. Qué miedito 😛

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