Desintoxicación


Me ató de pies y manos. Afiló el cuchillo y empezó a cortar. De uno en uno, despacio; trocitos minúsculos que, al desmoronarse, formaban un pequeño montículo. Paró un momento, me miró y dijo: “Me lo agradecerás”. Reanudó su tarea con más ahínco; uno tras otro hasta acabar con los veinte. Comprobó que no quedaba ninguno  y sonrió satisfecho.

 

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