RICHI Y LA ESTRELLA


 

 

Richi era un niño de ocho años que lo tenía todo para ser feliz, unos padres que lo adoraba y un hermanito pequeño con el que jugaba y que le rompía todos sus juguetes.

 

Cualquier cosa que se le antojaba la tenía, muchas veces incluso antes de pedirla, pues sus padres le compraban todo. Tenía su habitación llena de juegos y juguetes, más de con los que podía jugar; algunos de ellos estaban arrinconados, se había cansado de ellos; ya casi nada le hacía ilusión.

 

Hasta que cumplió los ocho años creció feliz, pero el día de su cumpleaños se levantó triste. La noche anterior, mirando por la ventana, se fijó en el cielo lleno de estrellas y le pareció que había una que brillaba más que las demás y que le sonreía.

 

Al levantarse fue a la habitación de sus padres y les dijo: “Quiero que mi regalo de cumpleaños sea una estrella”. Los padres se miraron asombrados y le preguntaron qué quería decir, Richi les repitió “Quiero una estrella”.

 

Su padre le trajo la estrella más bonita que encontró y lleno de ilusión se la dio; pero Richi al verla dijo: “Esta no es mi estrella, la que yo quiero está en el cielo y no se parece en nada a ésta, la mía sonríe”.

 

Le explicaron que las estrellas no se pueden coger, pero él quería su estrella, no entendía que sus padres, que nunca le negaban nada, no pudieran darle lo que les pedía y que a él le parecía tan sencillo de conseguir. Si estaba allí mismo, bastaba con mirar al cielo y verla.

 

Muy triste se fue a su habitación y se puso a llorar, estuvo llorando un buen rato, hasta que se durmió y soñó que tenía su estrella.

 

Al despertarse estaba contento y no sabía porqué. Fue a lavarse la cara y al mirarse en el espejo, la vio. “Allí estaba la estrella”, por fin la tenía, ahora ya sabía que cada vez que quisiera verla sólo tendría que mirar en el espejo.

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3 comentarios en “RICHI Y LA ESTRELLA

  1. Madre mía. Que gran moraleja para unos padres que le consienten todo a sus niños. ¿Será ése uno de los caminos que le guian a uno por la senda del narcisismo y egoísmo? Seguramente.
    Me ha encantado el relato.
    Un beso!

  2. Menos mal! Pensaba que el final sería que el niño se lanzaba desde la ventana en busca de la estrella…una parábola ideal para aquellos padres que consienten a sus hijos hasta el límite. Por una parte entiendo que quieran darle a sus hijos todo lo que ellos no han podido disfrutar, pero como digo siempre “Todo en su justa medida”, ésa es la mejor filosofía para disfrutar al máximo de la vida.
    Besitos

  3. Gracias Ivan, Gracias Luna, no es lo escribí con la intención que fuera una moraleja en ese sentido.(Los que no tuvimos nada de pequeños, tendemos a darles de más a los hijos). Pero ahora volviendolo a leer bajo vuestra perspectiva tambíen podría ser.

    Más bien es una moraleja en que nos pasamos la vida buscando en las cosas materiales cuando en realidad lo mejor está dentro de uno mismo.

    Al final, dos en uno.

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