Noviembre 2008


Desde el blog de Pily me llega un reto, iniciativa de Yogur y de Gabi, para decir de donde vienen los niños.

Ya lo había visto en el blog de Yogur, pero en principio no quise seguirlo porque tengo información precisa, exacta y veraz, del verdadero origen de los bebés. Pero puesto que me retan a decirlo (que nadie se sienta ofendido), os lo voy a revelar.

Los niños vienen de….PARIS.. Y los podéis encontrar en ALCAMPO:

recien-nacidos1

Espero que con esto quede claro el origen, no vayáis a decir que si la cigüeña, en un repollo, de la tripa de mamá, etc. , porque eso no son más que cuentos para decir a los niños.

Las reglas del meme, del blog de Yogur, son:

1: Mostrar mediante una imagen (buscada o fabricada por cada cual) lo que consideran es el verdadero origen de los niños. Pero, ojo!: Debemos mostrar sólo ‘la verdad’, no la mentira que nuestros padres nos dijeron de que los niños nacen de la pancita de la mamá.

2:Se tienen 3 días para hacer el meme y este debe de pasarse a tres personas.

3: ¡¡IMPORTANTE!!. Envía un correo a:

YOGUR@orangemail.es
 
 

 

La primera regla ya está cumplida, la segunda es más difícil porque la mayoría ya lo ha hecho, asi que le paso el meme a cualquiera que quiera seguirlo.

Se que mi blog es más bien ”modestito”, tampoco es que haya pretendido nunca ser algo más. Pero lo que sí se es, que en esta vida, te tienes que rodear de gente que siempre te enseñe o aporte algo, porque te beneficiará. Y eso es lo que pasa, me he rodeado de amig@s blogueros que me enseñan y me aportan.

Un@ de ellos es Isa (merece la pena visitarla), que como siempre está recibiendo premios, nos tiene a todos atiborrados de ellos.

Este es el último que me ha otorgado.

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Muchas gracias Isa.

Cuando te dan un premio, es de recibo otorgarlo a otros (no hay que ser egoista), pero aquí me veo en un dilema, porque Isa ya se los ha dado a algunos de los que yo se lo daría. Asi es que se lo doy a tod@s mis amigos del blogroll (los que no lo tengan de parte de Isa).

Pero sobre todo se lo quiero entregar de forma especial a Luna, que deseo se encuentre bien y pronto vuelva a entreternos en su blog.

hannah

Estos días nos ha sorprendido la noticia de una niña que se ha negado a que le hagan un transplante de corazón, quiere dejar de sufrir, irse a su casa y morir en paz, cuando le llegué el momento.

Que facíl opinar sobre lo que hariamos o no, pero que difícil hacerlo si estuvieramos en su lugar.

Como madre, si mi hija decidiera algo así ¿la dejaría? o intentaría el transplante, y ¿si eso la hiciera sufrir más todavía y al final no sirviera para nada?.

No se vosotros, pero yo doy miles de gracias por no tener que estar en la situación de decidir algo así.

Si quereís ver la noticia pinchar aquí:

http://www.adn.es/mundo/20081111/NWS-1208-hannah-jones-adolescente-rechaza-operacion.html

“Por muy fuerte que sea el muro,

Si no paras de golpearle,

Acabará derrumbándose.”

                                                             G.R.G.

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Unos cuantos compañeros tomábamos  café al mediodía antes de entrar a trabajar, siempre en el mismo sitio.

Cuando llegué, ya estaban todos. Ahí estaba él, a mi me pareció más guapo que otras veces ¡Esos ojos! Hacía tiempo que me gustaba, pero él parecía no darse cuenta.

Sin embargo aquél día me miraba de forma diferente.

-¡Hola!

-¡Hola!, llegas un poco tarde, casi nos tenemos que ir.

-El dichoso autobús, cada día tarda más.

- Quiero hablar contigo ¿quedamos cuando salgamos de trabajar?

-Vale, ¿qué tienes que decirme?

-Te lo digo luego, con más tiempo.

Nos fuimos a trabajar, tenía el corazón que me daba brincos, de los nervios. La tarde no pudo ser peor, se fue la luz y no pudimos hacer nada en la oficina. Toda una tarde, sin hacer nada y deseando que llegara la hora de la salida. Se me hizo eterna.

Estaba esperándome en la puerta cuando salí. Estaba tan nerviosa que no sabía si se me entendería cuando hablara.

-¿Tomamos algo?

-Vale

Empezamos a caminar y llegamos a una cafetería, cerca del trabajo, pero no tan cerca como para que pudiéramos encontrarnos a algún compañero. Cada vez estaba más nerviosa, y él allí, tan tranquilo. Pidió una cerveza para él, y un  Trinaranjus de limón para mí (era lo que yo bebía entonces).

-¿Qué es lo que tenías que decirme?

-Que me gustas, que si quieres salir conmigo. No hace falta que me contestes ahora, piénsatelo, pero que sepas que es en serio. Quiero salir contigo y me gustaría que fuera para toda la vida.

- No tengo nada que pensar. Tu también me gustas y ¡Sí! Quiero salir contigo.

Hoy hace 33 años de ese día.

La ‘Casa del Duende’ estaba situada en la esquina de las calles de Conde Duque y del Duque de Liria en el barrio de Universidad del distrito municipal de Centro de la ciudad de Madrid. En ella, a comienzo de un verano del siglo XVIII, ocurrieron unos hechos propios de una novela gótica, un cuento de Edgar Allan Poe o una película de Stephen King, que han quedado en el anecdotario madrileño como la ‘Leyenda de la Casa del Duende’.

Nuestra historia comienza en el mes de junio de mil setecientos y pico. Se desarrolla en la llamada ‘Casa del Duende’ propiedad de la Marquesa de Hornazas que ocupaba el piso principal de la misma. En su planta baja existía una concurrida taberna de animada y escandalosa clientela. La noche que nos ocupa, la algarabía era mayor de lo habitual y fue entonces cuando ante los alborotadores clientes apareció de pronto un enano barbudo que les impuso silencio, les reconvino para que así lo guardaran en noches sucesivas y amenazándoles con represalias en caso contrario. Por supuesto que el silencio se hizo aquella noche, como no, después de tan terrible sorpresa.

Sin embargo, poco duró la tranquilidad, ya que unas noches después, los envalentonados clientes, esta vez provistos de palos y porras, volvieron al escandalo. Al filo de la medianoche, llegaron seis enanos armados de garrotes que manejaban diestramente y con los que repartieron ‘candela’ entre los alborotadores parroquianos. Parece ser que la taberna tuvo que cerrar por falta de clientes.

Pero no termina aquí esta historia. Por esas fechas estaba la marquesa ordenando a uno de sus lacayos la compra de unos cortinajes para adornar el salón cuando aparecieron tres enanos que le regalaron unas cortinas de preciosas telas. Para que quieres más. La señora Marquesa de Hornazas no lo pensó dos veces y abandonó el inmueble, poniendo sus estancias en alquiler para no volver nunca jamas.

Todavía hay más. Así es, puesto que el primer piso lo alquiló un canónigo del que se conoce hasta el nombre: don Melchor de Avellaneda. Esto es lo que le sucedió, según cuenta la ‘Leyenda de la Casa del Duende’: Estaba don Melchor escribiendo al señor obispo para solicitar un libro que necesitaba para mejor redactar sus sermones y mejor conmover a sus feligreses, cuando, antes de firmar la carta, apareció un enano vestido con ropajes de monaguillo con el libro solicitado. El asombrado sacerdote salió de la casa como alma que lleva el diablo y cuentan que hasta salió de Madrid para poner tierra de por medio entre él y la minúscula aparición.

Enrevesada historia ¿verdad?. Pues aún hay un último suceso para engordar la leyenda. Uno de los nuevos inquilinos era una lavandera que habitaba en la buhardilla, Jerónima Perrín dicen que se llamaba. La humilde lavandera bajaba cada mañana al río Manzanares para allí, junto con sus colegas de profesión, hacer la colada y allí mismo, en los secaderos de la ribera del río, colgaba la ropa hasta la tarde, cuando la recogía para llevarla a la planchadora. Pero uno de esos días en los que tuvo lugar nuestra historia, comenzó a llover por la tarde y así estuvo casi toda la noche. La buena Jerónima madrugó bastante a la mañana siguiente para ir a recoger la ropa que allí había dejado colgada, pero al llegar al portal se encontró con tres enanos que le entregaron su ropa.

Después de este cuarto suceso, la Justicia y la Inquisición tomaron cartas en el asunto. Se tomó declaración a los testigos. Se buscó a los enanos por toda la Villa y Corte. Se registraron las estancias, desde la cueva del sótano hasta la buhardilla de Jerónima. Las pesquisas resultaron infructuosas y la investigación se cerró sin ninguna conclusión.

Muchos años después, cuando fue demolido el inmueble para construir el actual, aparecieron en un sótano del que no se tenía constancia, nueve individuos demacrados: eran de muy corta estatura y se dedicaban a la falsificación de moneda.