Mi primer post quiero que sea un recuerdo al hombre por culpa del cual (y de mi madre), hoy os estoy dando la lata.

 

         Quiero que conozcáis a una de las personas más importante de mi vida, no la única, pero si la primera, y de la que hoy todavía sigo aprendido, a pesar de que no está, se fue demasiado pronto.

 

         Mi padre se llamaba Rafael Fernando, Rafael porque era cordobés; como dice mi primo (que también se llama Rafael) en Córdoba hasta los borricos se llaman Rafaeles; y Fernando por el día en que nació. El segundo nombre nunca lo utilizó, ni él ni nadie.

 

         Ya he dicho que nació en Córdoba, fue el segundo de cinco hermanos, bueno fue el único chico de la familia; se quedaron sin madre cuando eran muy pequeños y los crió su padre MI ABUELO FRASQUITO, él sólo, y desde luego que les dio muy buena educación. (En otra ocasión os hablaré de él).

 

         El rasgo más destacable de él, sin ninguna duda, es que fue un BUEN HOMBRE, nunca ambicionó más de lo que tenía, ni envidió a nadie, disfrutaba cuando alguien de su entorno conseguía mejorar su vida y se alegraba por ellos.

 

        Era un hombre callado, rara vez se enfadaba, pero cuando lo hacía, imponía, no porque gritara, sino porque lo decía muy serio.

 

        Tenía un sentido del humor muy cordobés, serio pero con mucho “malaje”.

 

        Siempre recordaré las mañanas del Día de Reyes, nos levantábamos las tres y nos metíamos en la cama con mis padres (hasta que echábamos a mi madre fuera), y nos poníamos a jugar con él, luego íbamos a por los regalos.

 

        Nunca le gustó conducir, se sacó el carné cuando ya tenía unos cuantos años y porque mi madre le daba la tabarra, pero era muy malo conduciendo, muy malo.

 

        Mi padre nunca escribió un libro, nunca plantó un árbol (bueno alguno si que plantó), pero fue feliz, y dejó a cinco hijos (como su padre, de los cinco sólo un chico) para dar testimonio de que existió y para nosotros fue y será el hombre más grande del universo.

 

TE QUIERO PAPA.